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Editoriales
PÁRRAFO INFAME. Editorial Diario Granma
27 de Octubre de 2001
En el editorial de ayer señalábamos que, después de la reunión del
presidente Putin con los jefes de las fracciones parlamentarias, la cadena
nacional de televisión divulgó la entrevista con un vocero improvisado
que, buscando explicaciones para lo inexplicable y justificaciones para lo
injustificable, gratuitamente lanzó una grosera calumnia contra Cuba.
Finalizando su reportaje con relación a la decisión bochornosa, dijo: “De
cualquier forma, la situación sobre la estancia del Centro iba a ser
limitada, pues en cuanto mejoraran las relaciones con Estados Unidos, los
propios cubanos decidirían la salida del contingente ruso. Dijo que esto
había sucedido en la economía, donde los cubanos habían rechazado ofertas
rusas por negocios millonarios con Occidente, como Canadá, Francia y
España, porque era conveniente para su país. Esta decisión ahora le
conviene a Rusia. Mencionó que Cuba tampoco había resuelto el tema de la
deuda.”
Hay un refrán que dice: “El ladrón cree que todos son de su condición”.
Un abismo separa nuestro pensamiento del oportunismo, el egoísmo y la
ausencia de ética que hoy prevalecen en el campo decadente del sistema
imperialista y capitalista, o de aquellos que aspiran a serlo. Mientras
existan, producirán cada vez más asco.
Ciertamente, para nuestro pueblo habría constituido un verdadero motivo de
felicidad que después de la Crisis de Octubre de 1962, tan mediocremente
creada y tan torpemente manejada por una de las partes, la Base de
Guantánamo, la Brigada Motomecanizada que permaneció y el Centro de
Exploración Radioelectrónica que se instaló dos años más tarde, se
hubiesen marchado lo más pronto posible de nuestro país. Sólo una
distinción cabría hacer: los soldados soviéticos, o más tarde rusos,
fueron siempre nuestros amigos, estaban aquí junto a nosotros por nuestra
aceptación y nuestra voluntad. Veíamos en ellos un símbolo de
internacionalismo o de amistad y confianza. Cambiaron los sistemas, pero
eran los herederos de aquellos que vencieron al fascismo. Los hombres
siempre han tenido un enorme caudal de heroísmo y generosidad. Los
gobiernos, los sistemas sociales prevalecientes y los políticos en la
sociedad de explotación que la historia ha conocido hasta ahora, no han
tenido posibilidad de ser otra cosa que lo que son.
Los cubanos poseemos hoy el privilegio de no cambiar nunca de casaca, ni
traicionar, ni vender un hombre, un país, una causa, una palabra justa,
por todo el oro, el bienestar o la conveniencia del mundo. Los
revolucionarios cubanos no pertenecemos a esa etnia moral. El riesgo que
corría en Cuba cualquier unidad soviética o rusa no era el riesgo de ser
traicionada por Cuba.
Hoy, sin embargo, el objetivo de este editorial es la segunda parte del
párrafo infame, el que pretende acusarnos de haber rechazado ofertas rusas
“por negocios millonarios con Occidente, como Canadá, Francia y España”.
Esto merece especial respuesta.
Cuando el presidente Putin visitó nuestro país, al igual que hizo con
otros que en el pasado desarrollaron estrechos vínculos económicos y
tecnológicos con la URSS, nos pareció una inteligente y sabia decisión. A
ello se unía su carácter sobrio, el evidente deseo de rectificar errores,
un sincero sentimiento ruso, sensibilidad por los veteranos de la Guerra
Patria abandonados a su suerte sin cobro de pensiones y abandono total.
Como revolucionarios que somos, nos impresionó su respeto por el color de
la bandera y las notas del himno, bajo los cuales lucharon y murieron
decenas de millones de rusos, entre ellos, heroicamente, su propio padre.
Así se le recibió en Cuba, en diciembre del 2000, junto a sus
colaboradores civiles y militares. No soñábamos que estábamos viendo
llegar una delegación de la URSS, o algo parecido. Todo había cambiado
mucho. Nos alegraba sin embargo que lo que quedaba de aquella
superpotencia no terminara también desintegrándose en pedazos. Era
sumamente útil para el mundo que Rusia sobreviviera. Estábamos en
disposición, pese a terribles agravios, daños y sufrimientos, de
desarrollar nuestros vínculos económicos, culturales y sociales con ella.
Los temas políticos marcharon excelentemente bien. Hubo respeto, tacto,
atención esmerada. Visita a lugares históricos, y de carácter especial la
que ambos Jefes de Estado realizaron al Centro de Exploración
Radioelectrónica.
En lo que la visita resultó un desastre, fue en la esfera económica, y no
por culpa personal de Putin. Habían transcurrido diez años. Un huracán de
saqueo y robo había atravesado su país. Todo había sido caotizado. Un
enjambre de pillos y asesores llegados del exterior o surgidos de las
propias y fecundas filas de oportunistas políticos rusos, se repartieron y
robaron todo cuanto podía ser robado.
Conociendo lo que había ocurrido, nuestra tarea sin embargo no era juzgar
sino buscar todo lo que quedaba de bueno, valioso y honesto en ese país
por cuyos hijos nuestro pueblo sintió y siente tanto afecto, admiración y
cariño.
Sin embargo, el peso abrumador de solo diez años, los sufrimientos y
privaciones que aquí nos vimos obligados a soportar y el caos que allá
reinó, habían transformado absolutamente todo.
En tres centros industriales básicos se simbolizaba la cooperación
soviético-cubana al producirse el colapso de la URSS: el desarrollo
electronuclear, la inversión en el desarrollo y producción del níquel y la
refinación del petróleo.
Industria electronuclear
La colaboración para el desarrollo electronuclear de Cuba se acordó en
enero de 1975. Las obras se iniciaron en 1983 en la central electronuclear
de Juraguá, para construir los dos primeros reactores UVR-440, de los
cuatro que llevaría la primera planta. Con esfuerzos colosales se
iniciaron las obras. Se adelantó a pesar de nuestra inexperiencia. Vino
Chernobil y aunque los reactores no usaban el grafito, sino el
enfriamiento por agua, los más seguros hasta entonces, aquel accidente
obligó a investigaciones y medidas extremas de calidad en todas las
instalaciones electronucleares, que redujeron el ritmo de la obra.
Bastante avanzado ya el primer reactor, la desaparición de la URSS
paralizó en 1992 la obra en construcción. La inversión en la planta
ascendía ya a 1.456 millones de dólares. La conservación de los
equipamientos costó 134 millones de dólares adicionales. Se buscaron desde
1995 empresas de terceros países para que junto a rusos y cubanos
siguieran adelante. La Ley Helms-Burton en 1996 echó por tierra el
esfuerzo. En 1998 se agotó el financiamiento para el mantenimiento.
Cuando arribaron Putin y su delegación en diciembre del 2000 habían
transcurrido 25 años de surgida la idea, 17 de iniciada la planta, más de
10 del primer reactor y 8 años de paralizada. Los términos de negociación
ahora serían otros. Sólo se garantizaba un reactor, no una planta y menos
un programa electronuclear nacional. Se necesitaban más de 800 millones de
dólares todavía para el primer reactor, e invertirlos durante seis años
sin obtener un solo kilowatt. El país había ideado ya nuevas y mejores
soluciones, cuyas obras se construían por módulos de generación eléctrica,
que comenzaban a producir electricidad en diez meses utilizando el gas
acompañante de nuestro petróleo, con lo que se protegía la atmósfera
costera y turística, duplicando el uso de la energía calórica, ahorrando
las dos terceras partes del costo y amortizando en cuatro años el capital
extranjero aportado, y dos terceras partes del valor de la planta quedaban
en manos cubanas. Ya hay dos funcionando, próximas a entrar en el segundo
ciclo. A plena producción, alcanzarán la capacidad del mencionado reactor
nuclear de Juraguá.
¿Podía continuar construyéndose aquel reactor?
Industria del níquel
En junio de 1973 se acordó construir con la URSS y varios países del CAME
una planta con capacidad de 30 mil toneladas en Camarioca, de la zona
minera de Moa. Su construcción, iniciada a principios de la década del 80,
se paraliza con el 60 por ciento de la instalación construida al
desaparecer la URSS y el campo socialista. Con anterioridad, en las
proximidades de la planta mencionada se había construido otra de la misma
capacidad, 30 mil toneladas, mediante la cooperación soviético-cubana
entre 1972 y 1986, venciendo obstáculos e inexperiencias de todo tipo,
cuya capacidad de diseño se alcanzó en 1996, en pleno período especial,
desaparecida ya la URSS. Nuestro país se las arregló no sólo para llevarla
a su capacidad plena, sino incluso para ampliarla, y reducir el gasto en
combustible a la mitad, algo esencial para los costos en una industria de
elevado consumo calórico.
Cuando el Presidente de la URSS nos visita, ya la planta estaba lista para
iniciar un segundo incremento de capacidad de producción hasta llevarla a
50 mil toneladas. Utilizaría el mineral de Camarioca. No hacía falta
construir ya la vieja, inconclusa y enmohecida planta a medio hacer y
paralizada hacía 10 años.
Industria de refinación de petróleo
Una gran refinería fue construida en Cienfuegos con la colaboración de la
URSS en la década de los 80 con el propósito de sustituir las crecientes
importaciones de derivados del petróleo.
La refinería operó hasta 1992, cuando las realidades económicas demandaron
su paralización dada su baja eficiencia tecnológica y no haberse
completado el proceso industrial de refinación. Numerosos esfuerzos y
estudios fueron realizados con firmas extranjeras para tratar de
modernizar y hacer eficiente esta refinería, sin haber alcanzado los
resultados deseados. Será necesario esperar por la disponibilidad de
petróleo crudo nacional en cantidades suficientes para refinar al menos en
una proporción significativa petróleo crudo nacional mezclado con los de
otras procedencias. Sería lo más eficiente y rentable.
Se les informó a los empresarios rusos que no tendríamos inconveniente en
que ellos participaran en la refinería, siempre que el estudio resultara
positivo y se lograra un acuerdo con los otros inversionistas extranjeros
participantes. No se ha recibido en todo este tiempo ninguna propuesta
concreta de empresa o autoridades rusas para concluir la refinería.
En las tres inversiones mencionadas tenían especial interés el grupo que
acompañó a Putin. Era lógico, si se toma en cuenta que en tales proyectos
participaron los rusos de la antigua URSS, pero en 10 años no existió
entre Rusia y Cuba colaboración alguna y nadie volvió a recordar si
existíamos y cómo existíamos. Durante muchos años tuvimos que escalar
nuestro calvario solos y con la cruz a cuestas.
En tales circunstancias, ¿quién puede ser tan cínico como para afirmar que
habíamos rechazado ofertas rusas por negocios millonarios con Occidente?
¿Ignoran acaso que llevamos más de 40 años de bloqueo riguroso y guerra
económica que obstruye las inversiones y obstaculiza nuestro desarrollo?
Nuevas posibles inversiones
En ocasión de la visita del presidente de Rusia, Vladimir Putin, se le
propusieron, a su solicitud, un grupo de ideas y nuevos objetivos a
explorar sobre la base de mutua conveniencia económica para el desarrollo
de la colaboración y el comercio. Entre otros se destacan:
Ampliación de la Central Termoeléctrica del Este de La Habana.
Exploración petrolera de la Zona Económica de Cuba en el golfo de México.
Retomar el proyecto interrumpido de la mina de plomo y zinc de Castellanos
con nuevas tecnologías.
Analizar la oportunidad de ampliar la refinería “Hermanos Díaz” de
Santiago de Cuba para la exportación de derivados del petróleo al mercado
externo.
Reconstrucción y modernización del transporte ferroviario para la
industria azucarera.
Suministros de fertilizantes y herbicidas para la industria azucarera.
Programa integral para la reparación y recuperación de los motores Diesel
y transmisiones hidráulicas de procedencia rusa en la industria azucarera.
Construcción de hoteles y promoción de turismo hacia Cuba desde Rusia.
Desarrollo de las líneas aéreas para vincular los territorios de la CEI
con Cuba, que impulse el flujo de turistas y conclusión del sistema único
de coordinación de tráfico aéreo.
Reconstrucción y modernización del transporte ferroviario y desarrollo de
nuevas formas de transporte urbano para la Ciudad de La Habana.
Las famosas deudas mutuas
La Federación de Rusia se declaró de facto heredera de la extinta URSS,
quedando interrumpidos unilateralmente los vínculos de colaboración
económica de la Federación de Rusia con nuestro país.
Casi de inmediato, las autoridades rusas comenzaron a plantear la
necesidad de negociar el pago de la deuda de Cuba con la URSS a través de
30 largos años, que ellos estimaban en 20.848 millones de rublos
transferibles. Debe significarse que el rublo transferible es una ficción
que dejó de existir al desaparecer el CAME y el valor de la moneda normal
soviética se devaluó de uno a 5.998 rublos por dólar. Lo curioso, además,
es que se nos tratara de cobrar aquella cifra cuando el país se quedó sin
mercados, alimentos, combustibles, materias primas y otros recursos
vitales. Mientras el combustible se mantenía por las nubes, el azúcar
comenzó a recibir los precios miserables del basurero del mercado mundial
residual, muy distinto de aquellos con los que se comercia en Europa,
Estados Unidos y otras partes del mundo.
La posición planteada por Cuba fue que no se trataba de hablar simplemente
de cifras varias veces superior al total de las exportaciones de Cuba, a
partir de los precios deprimidos abruptamente con la desaparición de la
URSS y el campo socialista, tal como si a los numerosos países del Tercer
Mundo que reciben los llamados precios preferenciales por sus productos
agrícolas y a todos los agricultores del mundo rico les privaran de todos
los subsidios en un día. Había que hablar también del terrible daño
ocasionado a nuestro pueblo por el incumplimiento abrupto y total de todos
los convenios suscritos por la antigua URSS con nuestro país. No se pueden
heredar derechos si no se heredan también deberes.
En noviembre de 1992 se firman varios documentos, incluyendo la creación
de la Comisión Intergubernamental, y dentro de la misma un Grupo de
Trabajo para analizar las obligaciones mutuas entre Cuba y la Federación
de Rusia.
Este Grupo celebró sesiones de trabajo en 1994 y 1995. En mayo de 1998, en
su tercera reunión, se hizo entrega oficial a la parte rusa de un trabajo
resumido y preliminar con la cuantía de los daños sufridos por la economía
cubana a partir de la desaparición de la URSS.
En los cálculos se tomó como base el año 1990 y se cuantificaron los daños
sufridos de 1991 a 1995, quedando claro que lo anterior era sólo una
primera aproximación que era susceptible de revisar, precisar, e incluso
adicionar otros conceptos. La reclamación preliminar presentada por daños
y prejuicios ascendió, sin incluir el daño moral, a 36.363 millones de
rublos transferibles, por concepto de pérdidas de capacidad de compra,
paralización de objetivos, inversiones e interrupción de programas de
colaboración.
Nuestro pueblo heroico supo resistir cuando todos creían que la Revolución
cubana no podría soportar ni siquiera cuatro semanas. Hoy, diez años
después, se ha ganado el respeto y la admiración de muchos. Nunca una
comunidad humana, en las vecindades de la superpotencia más poderosa que
ha existido jamás, quien la hostiga y la bloquea sin cesar, ha sido capaz
de semejante proeza.
Para el pueblo hermano y heroico de Rusia, nuestro perenne respeto y
cariño.
Para los que odian la verdad y la justicia, nuestro desprecio.
Para los que en cualquier parte del mundo sueñen con destruirnos, la
convicción profunda de que ya nada ni nadie podrá vencernos.
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