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Declaraciones
DECLARACIÓN DE LA ASAMBLEA NACIONAL EL PODER
POPULAR DE LA REPUBLICA DE CUBA
Cinco patriotas cubanos son prisioneros políticos del Imperio. Sufren ya
más de 34 meses de injusto encierro en una cárcel del Sur de la Florida.
Para René González Sehwerert, Ramón Labañino Salazar, Fernando González
Llort, Antonio Guerrero Rodríguez y Gerardo Hernández Nordelo han sido
casi tres años de humillaciones y vejaciones constantes, de grosera y
sistemática violación a sus derechos individuales, de arbitrarios y largos
períodos de total incomunicación
Son inocentes. No han cometido delito alguno.
Se les castiga porque los enemigos de Cuba ven en ellos, magníficamente
resumidos, la dignidad, el valor, y las virtudes de la Patria que se
empeñan, inútilmente en destruir. Son víctimas de una infame y colosal
injusticia que significa el inicio, por la actual Administración del Señor
Bush, de una nueva etapa, más cruel y desvergonzada aún, de la larga y
sucia guerra que Estados Unidos lleva a cabo contra el pueblo cubano y su
Revolución.
Con imputaciones completamente fraudulentas, y presiones y maniobras sobre
los miembros del jurado, se les condenó por supuestas actividades de
espionaje que nunca fueron probadas y a pesar de que en el mismo juicio
los acusadores reconocieron que no habían poseído secreto alguno ni habían
llevado a la práctica el imaginario delito.
Resulta imposible en Miami lograr un veredicto justo en cualquier caso
relacionado con Cuba. Allá se pasean por las calles terroristas confesos,
se jactan de sus fechorías, las anuncian y preparan públicamente, sin que
las autoridades hayan hecho jamás absolutamente nada para impedir sus
acciones o sancionarlas. La mentira, la histeria y el odio anticubano
envenenan aquel medio sometido a una camarilla corrupta y fascistoide.
Basta recordar el secuestro de Elián González, un niño de seis años,
brutalmente separado de su padre y su familia, maltratado y explotado
desvergonzadamente ante las cámaras de televisión, retenido en un sitio
rodeado de matones armados y vociferantes demagogos que desafiaron las
leyes, insultaron y amenazaron al Gobierno Federal, pisotearon la bandera,
dañaron bienes ajenos y hasta amagaron con incendiar la ciudad. Para
rescatar al niño fue preciso realizar un delicado operativo que según las
propias autoridades fue especialmente riesgoso porque enfrentaron la terca
obstrucción organizada por individuos fuertemente armados. ¿Dónde estaban
entonces el FBI y los fiscales de la Florida? ¿Qué hicieron frente a esa
bochornosa impudicia de la que el mundo entero fue testigo y fue repudiada
por la humanidad y por el conjunto de la sociedad norteamericana? Los
derechos más elementales de un niño, incluyendo su integridad física y
psicológica, fueron ultrajados flagrantemente, la ley, la decencia y el
honor norteamericanos fueron pisoteados, pero nadie, nunca, fue apresado,
ni sometido a juicio, ni siquiera acusado.
Esos individuos, alistados y entrenados por la CIA contra Cuba, pagados
durante décadas con fondos del presupuesto federal, han mantenido un
permanente y estrecho contubernio con los extremistas de ultraderecha y
han intervenido en la vida interna de la sociedad norteamericana actuando
siempre contra los intereses del pueblo de Estados Unidos. Ellos están
asociados a los peores episodios allá ocurridos: el magnicidio del
Presidente Kennedy, el escándalo de Watergate, el asesinato de Orlando
Letelier y Ronni Moffitt, el suministro clandestino de armas a la contra
nicaragüense y el narcotráfico a él vinculado, el contrabando de personas
y de drogas ilícitas, el secuestro de Elián González y el fraude y el
despojo de los derechos de decenas de miles de electores afroamericanos en
las elecciones de noviembre del 2000 en la Florida.
Cuba siempre ha dicho la verdad abierta y francamente: jamás hemos
atentado contra la seguridad nacional de Estados Unidos. Pero sí
proclamamos nuestro irrenunciable derecho y nuestra sagrada obligación de
defendernos de las acciones terroristas y criminales que impunemente
organizan, arman, pregonan y lanzan contra Cuba, desde territorio
norteamericano los bandidos de la mafia anexionista. Desenmascarar esas
acciones es una noble, digna y heroica misión que contribuye a salvar
vidas cubanas y estadounidenses y corresponde con los intereses vitales de
ambos pueblos.
La Revolución cubana a todo lo largo de su desarrollo ha sido objeto de
una política de agresión sistemática, una verdadera guerra de la que no
han estado ausentes el terrorismo, los sabotajes y los asesinatos. Esa
guerra dura ya más de 42 años. El agresor ha sido y es el gobierno de
Estados Unidos. Nadie tiene derecho a ignorarlo porque esa afirmación
puede comprobarse fácilmente en documentos oficiales norteamericanos casi
todos mantenidos en secreto hasta que finalmente vieron la luz en años
recientes. Todavía ocultan buena parte de su contenido pero aún así
revelan claramente, sin la menor duda, la total responsabilidad de ese
Gobierno en una agresión que no ha cesado. A continuación mencionamos
algunos datos explícitamente reconocidos y descritos en esos documentos
por sus responsables y que son por tanto verdades irrefutables:
• La Agencia Central de Inteligencia, cumpliendo instrucciones precisas
del Presidente Einsenhower, intervino activamente en los asuntos de Cuba,
desde 1958, antes del triunfo del movimiento revolucionario que trató de
impedir; sostuvo a los batistianos antes y después de su derrota y entre
ellos reclutó agentes y colaboradores a los que convertiría en el núcleo
principal de la “oposición” contrarrevolucionaria fabricada por ella. Así
consta en el libro editado en 1991 por el Departamento de Estado que
contiene comunicaciones, hasta entonces reservadas, que cubren los años
1958-1960.
• Desde 1959 Estados Unidos comenzó a conspirar para tratar de derrocar al
gobierno cubano mediante un programa de acciones encubiertas que
incluyeron el terrorismo y los sabotajes y la invasión militar de Playa
Girón. Su detallada descripción aparece en el Informe de quien en la época
era el Inspector General de la CIA, redactado en octubre de 1961 y
divulgado por primera vez en febrero de 1998.
• Después del fracaso de Bahía de Cochinos, Estados Unidos continuó
fomentando el crimen y el terrorismo mediante la llamada “Operación
Mangosta” y concibió planes incluso para una invasión militar directa con
sus tropas como reflejan los textos oficiales correspondientes al período
1961-1963 del volumen publicado en 1997 por el Departamento de Estado.
• También en 1997 fueron revelados más de 1 500 páginas de materiales
hasta entonces clasificados del Pentágono, que muestran la inaudita
contumacia de esa política. Uno de ellos, fechado el 13 de marzo de 1962,
lleva el significativo título de “Pretextos para justificar una
intervención militar de Estados Unidos en Cuba” . Entre tales pretextos,
por cierto, incluían la fabricación de incidentes con el empleo de
supuestas aeronaves civiles semejantes al que organizarían años después
los terroristas de Miami.
• En 1975 la comisión especial del Senado dirigida por el Senador Frank
Church divulgó su Informe sobre los planes para asesinar líderes
extranjeros. Una buena parte de él se refiere a los numerosos intentos, a
lo largo de muchos años, de asesinar al Presidente Fidel Castro, dirigidos
directamente por la CIA y con la participación de los terroristas de Miami
e incluso utilizando al crimen organizado y la Mafia.
• El 23 de junio de 1989 la Fiscalía General de Estados Unidos emitió una
decisión -publicada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 8 de mayo de
1992- declarando inadmisible en territorio norteamericano al conocido
terrorista Orlando Bosch y aduciendo para fundamentar su determinación la
posesión de numerosas pruebas sobre sus crímenes pasados y presentes
incluyendo el de haber codirigido el sabotaje en pleno vuelo de un avión
civil cubano en octubre de 1976. Pese a ello el entonces presidente Bush
dispuso que este personaje fuese puesto en libertad. Actualmente el señor
Bosch sigue actuando en Miami con total impunidad.
Los anteriores son sólo algunos ejemplos. Envalentonados por el prolongado
apoyo de unas autoridades que inicialmente los enrolaron, adiestraron y
dirigieron para matar, que los han respaldado y protegido o han sido
cómplices y tolerado sus fechorías, los terroristas han dejado constancia
de lo que hacen en reportajes, declaraciones y entrevistas públicas que
han tenido y tienen amplia difusión en la prensa escrita, radial y
televisiva de Miami. Ninguno de ellos ha sido molestado nunca por quienes
se supone estarían obligados a detener sus crímenes.
En noviembre de 1996, por ejemplo, el Canal 23 de la televisión de Miami
entrevistó, en vivo, a Orlando Bosch y a Luis Posada Carriles -veterano de
la CIA, coautor del sabotaje al avión cubano en 1976, oficial secreto de
la Casa Blanca para el suministro ilegal de armas a la Contra
nicaragüense- quienes, conscientes de que nada les pasaría, se ufanaron de
su trayectoria delictiva y enfatizaron que continuarían su campaña
terrorista contra Cuba.
El 12 y el 13 de julio de 1998 el diario The New York Times, en su primera
plana, publicó la entrevista que le hiciera a Posada Carriles, en la que
éste, el más notorio terrorista del Hemisferio, asumió la responsabilidad
por varias explosiones de bombas que estallaron en La Habana en 1997, una
de las cuales ocasionó la muerte a un joven turista italiano, explicó el
cuantioso financiamiento que para sus acciones recibe de la llamada
Fundación Nacional Cubanoamericana, anunció la realización de nuevos
ataques terroristas contra Cuba y alardeó de sus repetidas visitas al
territorio norteamericano y sus estrechos vínculos con sus antiguos
colegas de la CIA. Días después en otra entrevista a un canal de
televisión de la Florida reiteró sus desfachatadas declaraciones. Todavía
hoy en la ciudad de Miami se organizan actos públicos de apoyo a este
vulgar asesino y desde allí se pagan sus actividades.
Es incuestionable el derecho de Cuba a defenderse ante quienes intentan
destruirla y aniquilar a su pueblo. Nuestra defensa ha sido especialmente
compleja y difícil porque los grupos terroristas poseen nexos íntimos con
agentes y funcionarios del Gobierno norteamericano con quienes han
conspirado durante muchos años y porque las autoridades de Estados Unidos,
en el mejor de los casos, han mantenido una indolente tolerancia frente a
ellos. Cuba, sin embargo, ha hecho todo lo posible para advertir a
Washington, por canales discretos y también públicamente, de los peligros
de esas acciones y ha entregado informaciones obtenidas por el heroico
sacrificio de hombres como los que hoy guardan injusta prisión. De ese
modo les alertamos sobre la presencia de individuos armados en los
alrededores y en la casa donde retenían a Elián y los planes que tenían
para oponerse a su liberación. Después de lograda ésta, quienes la
dirigieron y ejecutaron han reconocido la veracidad y exactitud de las
mismas informaciones que les suministramos.
Numerosos contactos han tenido lugar en Nueva York, en Washington y en La
Habana en los que hemos facilitado a representantes del FBI y otras
agencias del
Gobierno de Estados Unidos, informaciones que hubieran servido para que
ellas actuasen contra los terroristas si hubiesen tenido voluntad para
hacerlo. Después de varios intercambios, incluyendo mensajes a los más
altos niveles, los días 16 y 17 de junio de 1998 vino a La Habana una
delegación oficial, que incluía a dos importantes jefes del FBI a quienes
se les dio una amplia información y se les entregaron materiales
operativos incluyendo filmaciones y grabaciones probatorios de las
acciones de 40 criminales. Prometieron una respuesta en dos semanas pero
esta nunca ocurrió. Tampoco se produjo acción alguna del FBI contra los
delincuentes sobre cuyas actividades recibieron abundantes e irrefutables
pruebas. Por el contrario, tres meses después, el FBI arrestó a nuestros
heroicos compañeros, arrojó contra ellos sus pérfidas calumnias y fomentó
un proceso pseudolegal dirigido a ensalzar a los grupos terroristas a
algunos de cuyos cabecillas, para colmo del cinismo, presentó, incluso,
como sus testigos.
La más despreciable, procaz y absurda acusación contra nuestros dignos y
heroicos compañeros fue la de “conspiración para asesinar”, lanzada
sospechosamente después que habían transcurrido más de ocho meses de que,
sometidos a total incomunicación, encaraban las ridículas y disparatadas
imputaciones iniciales, carentes, como ésta, de todo fundamento. Para
sustentar esa infamia las corruptas autoridades miamenses no presentaron,
por supuesto, evidencia alguna, manipularon desvergonzadamente el
incidente ocurrido el 24 de febrero de 1996, ocultaron la información que
ellos poseen, ignoraron completamente los antecedentes, falsificaron
groseramente las pruebas y distorsionaron grotescamente la realidad.
La verdad, sin embargo, prevalecerá. La verdad jamás será derrotada por
sus torpes y falaces maniobras.
Si existiese un átomo de justicia en la sociedad norteamericana, serían
otros quienes habrían ocupado el banquillo de los acusados para recibir la
más severa e inapelable sanción.
Las autoridades norteamericanas conocen perfectamente bien todo lo
relacionado con ese incidente. Lo saben hasta el detalle y son entera y
absolutamente culpables por lo ocurrido aquel día.
A partir del triunfo de la Revolución, desde el territorio norteamericano
y tripuladas por sus agentes, la CIA empleó avionetas para realizar
sabotajes, lanzar armas y explosivos, regar sustancias químicas y
bacteriológicas y llevar a cabo labores de espionaje y provocación sobre
campos y ciudades de Cuba. En los documentos oficiales citados más arriba,
hay copiosa información al respecto. Ahí están los antecedentes del grupo
terrorista que ejecutó la provocación del 24 de febrero de 1996.
Sobre este grupo existe también profusa información, toda ella recogida en
esos y otros documentos oficiales y en medios de prensa de Estados Unidos,
que puede resumirse así:
Utilizan aviones que habían sido empleados antes en las guerras de Viet
Nam y El Salvador y les fueron entregados por la Fuera Aérea de Estados
Unidos y de los que ni siquiera borraron completamente las siglas “USAF”.
Sus tripulantes recibieron adiestramiento de oficiales de la aviación
militar norteamericana.
Violaron repetidamente el espacio aéreo, el territorio nacional cubano y
hasta sobrevolaron la Ciudad de La Habana.
Se hicieron acompañar por periodistas y camarógrafos que difundieron
ampliamente sus provocaciones en la prensa escrita y televisiva de Miami.
En ocasiones voló con ellos hasta quien entonces era el Jefe del Buró de
Cuba del Departamento de Estado y ahora es, nada menos, que el
Vicepresidente Ejecutivo del engendro terrorista denominado Fundación
Nacional Cubanoamericana.
Desde mediados de 1995 sus acciones se hicieron cada vez más provocadoras
y desafiantes llevándolos a quebrantar istemáticamente las regulaciones
internacionales y norteamericanas.
Cuba advirtió, privadamente, a los principales dirigentes de Washington y
también, públicamente, de los graves peligros que podrían Cuba recibió
privadamente seguridades de la dirección del Gobierno de Estados Unidos de
que no se producirían más provocaciones de este tipo.
Paralelamente la Agencia Federal de Aviación de Estados Unidos inició un
proceso administrativo contra ese grupo por sus reiteradas transgresiones
y recabó para ello, recibió y agradeció por escrito la colaboración
cubana.
Con relación específicamente al incidente del 24 de febrero de 1996, en la
información suministrada oficialmente por Estados Unidos a la Organización
de Aviación Civil Internacional (OACI) y en las pruebas presentadas más
tarde, bajo juramento, en el proceso administrativo referido en el párrafo
anterior, consta lo siguiente:
Por lo menos desde el 17 de febrero las autoridades de ese país conocían
que se planificaba una provocación para el día 24.
El Departamento de Estado se comunicó varias veces con la torre de
control de vuelos del aeropuerto de OpaLocka, el mismo día 24 antes del
despegue de las avionetas para verificar su salida.
Las avionetas, desde que despegaron y durante todo el tiempo que volaron
sobre el territorio y la zona de control aéreo de Estados Unidos, una hora
y cuarenta y cinco minutos, ignoraron completamente el plan de vuelo que
se les había aprobado por los controladores aéreos.
En ningún momento les ordenaron aterrizar o suspender su vuelo pese a
que estaban siguiendo una ruta no autorizada y a los antecedentes de
violaciones anteriores por las que se les había sometido al ya mencionado
proceso.
Los radares norteamericanos registraron cómo las avionetas volaron en
línea recta hacia la capital de Cuba, cruzaron el límite de nuestro
espacio aéreo y siguieron avanzando en la misma dirección.
Eran las autoridades de Washington las únicas que sabían que la
provocación iba a tener lugar, sabían cuándo y cómo se produciría y
quiénes y con qué medios la iban a realizar. Nada hicieron, pese a que
podían y tenían la obligación de hacerlo, para impedirlo o evitarlo.
Tampoco advirtieron a Cuba de lo que ellas conocían iba a suceder.
¿Dónde estuvo la conspiración? ¿Quiénes fueron los conspiradores?.
Son esas autoridades y los jefecillos terroristas a quienes ellas permiten
hacer lo que les venga en ganas, los únicos culpables de lo ocurrido. Son
ellos y nadie más los que deben responder por sus consecuencias.
La actitud que adoptó ese Gobierno fue absolutamente incalificable. Se
valió del incidente para justificar la firma de la Ley Helms Burton,
despojó a Cuba de fondos ilegalmente retenidos en bancos norteamericanos y
se los entregó a la mafia anexionista y ahora, llevando al extremo la
cobardía y la vileza, quiere castigar a cinco compatriotas que son
totalmente inocentes y no tienen responsabilidad alguna con estos hechos.
Nadie más que esas autoridades y los terroristas que ellas engendraron y
utilizaron contra Cuba durante cuatro décadas, son quienes han conspirado
para asesinar, han tratado de asesinar y han asesinado, causando numerosas
pérdidas de vidas y sustanciales daños materiales a nuestro país.
La colosal arbitrariedad contra nuestros compatriotas nada tiene que ver
con la justicia y el derecho. Es la expresión más impúdica de una nueva
fase de la agresión contra Cuba desatada por la ultraderecha en el poder y
la mafia anexionista a su servicio, y cuyas graves consecuencias ya
comienzan a caer sobre muchos norteamericanos y cubano-americanos.
La prueba más evidente de que el caso de nuestros cinco compatriotas es
parte de un plan deliberadamente concebido para respaldar a los grupos
terroristas y diseminar el temor entre quienes se les oponen, las expuso
abiertamente el pasado 10 de julio, el propio Jefe del FBI a cargo de esta
operación. En esa ocasión el señor Héctor Pesquera anunció que “habrá más
arrestados relacionados con ese caso”, aseguró estar “constantemente al
tanto de muchos que están aquí” y prometió que “los perseguiría
enérgicamente”. Pocos días después, como un eco, la misma bravata sería
repetida por la vocera de la Fundación anexionista. ¿Hace falta algo más
para comprender que se trata exclusivamente de un proceso político y que
su propósito es perseguir a todos los que allá rechazan las prácticas
criminales de la mafia terrorista?
Pero no son sólo estridentes bravuconadas. El 13 de julio, el propio
Presidente de Estados Unidos emitió una insolente declaración en la que,
además de proclamar nuevas acciones para reforzar el bloqueo y la agresión
contra Cuba, anunció medidas específicas y amenazas concretas contra
ciudadanos norteamericanos y residentes de origen cubano. El ocupante de
la Casa Blanca explicó que había dado instrucciones para reforzar y
ampliar los mecanismos de aplicación del bloqueo particularmente para
impedir los viajes no autorizados a Cuba y controlar estrictamente las
visitas permitidas y las remesas familiares, así como para incrementar el
financiamiento y el apoyo material a los grupúsculos
contrarrevolucionarios que operan contra Cuba.
Las declaraciones del señor Bush no son simple retórica. Centenares de
norteamericanos han recibido ya notificaciones oficiales de
preencausamiento y a varios han impuesto multas administrativas de miles
de dólares. Los viajeros, en el aeropuerto de Miami, reciben por escrito
claras advertencias de las severas sanciones –hasta 10 años de prisión y
250 mil dólares de multa- a quienes no acaten las rígidas normas del
bloqueo que el actual Presidente se propone imponer a toda costa.
Aumenta sin cesar el número de norteamericanos y cubano americanos a
quienes, conminados con posibles acciones penales, se exige responder
meticulosos cuestionarios que recuerdan los peores días del macartismo.
Para asegurar la ejecución de su política anticubana el Jefe de la actual
Administración ha nombrado, en posiciones claves, a varios sujetos de
connotada trayectoria en la guerra contra Cuba.
El propuesto para ocupar el más alto cargo para América Latina del
Departamento de Estado ha generado natural alarma, tanto dentro como fuera
de Estados Unidos.
Pero hay otras designaciones que han avanzado de forma silenciosa, casi
inadvertida. Una es la de Mauricio Tamargo como presidente de la Comisión
Federal de Reclamaciones, otra la de Adolfo Franco quien, se anuncia,
ocuparía la responsabilidad principal para América Latina dentro de la
llamada Agencia Internacional para el Desarrollo (AID). Ambos son
empleados a sueldo de los peores enemigos de Cuba en el Congreso de
Washington.
La selección del señor Tamargo es una prueba evidente del compromiso del
actual Gobierno con los objetivos de la Ley Helms-Burton cuya esencia,
como es sabido, es la ilusoria pretensión de devolver sus propiedades a
los batistianos y antiguos explotadores despojando a los cubanos de sus
tierras, sus viviendas, escuelas, fábricas, hospitales, todo lo que hoy
pertenece al pueblo. Escoger a uno de sus representantes al frente de la
entidad federal que con poderes omnímodos dentro de la estructura
norteamericana, se encarga de las reclamaciones de propiedades equivale a
poner el asunto enteramente en manos de esa mafia.
El nombramiento del señor Franco responde al declarado propósito de
intensificar la subversión contra Cuba aumentando los fondos que destinan
a fabricar, financiar y dirigir grupúsculos de traidores al servicio de
Estados Unidos, una parte de los cuales distribuye la AID. A esos fines
durante más de 42 años Washington ha dedicado más recursos que los que van
a la supuesta ayuda al desarrollo de nuestro Continente. Colocar en esa
posición a un representante de la mafia anexionista es una obvia expresión
de la política anticubana y también un claro mensaje para quienes en
América Latina aún se engañan con la quimérica ayuda del Imperio.
El curso cada vez más hostil y agresivo contra Cuba que sigue la actual
Administración del señor Bush, imperdonable crimen contra nuestro pueblo
consustancial a una política irresponsable y aventurera que pone en
peligro la paz y la vida a escala internacional, también lesiona
gravemente los derechos del pueblo norteamericano, incluidos los de la
emigración cubana y sus descendientes y los de sus ciudadanos residentes
en la Florida Ellos aspiran a vivir libres de la corrupción, la ilegalidad
y la violencia de maleantes que cuentan con la complicidad y la tolerancia
oficial y se benefician de recursos presupuestales que sólo deberían
emplearse para el bienestar y el desarrollo de las familias
norteamericanas.
Hay que poner fin al contubernio oficial con los terroristas y detener la
campaña macartista, la persecución y las amenazas contra los ciudadanos
norteamericanos que se oponen al bloqueo y los emigrados y residentes de
la Florida que sufren los desmanes del terrorismo. En lo inmediato, como
primer paso indispensable, es preciso exigir la libertad de nuestros cinco
inocentes compatriotas encerrados hoy en una cárcel de Miami.
René González Sehwerert, Ramón Labañino Salazar, Fernando González Llort,
Antonio Guerrero Rodríguez y Gerardo Hernández Nordelo, prisioneros
políticos del Imperio, patriotas ejemplares, héroes abnegados y admirables
que a nadie han hecho daño alguno y han sacrificado sus vidas por salvar
la de su pueblo, deben ser liberados.
Cuba es una nación libre, independiente y soberana que tiene un derecho
inalienable a vivir en paz y a ser respetada exactamente igual que todas
las demás naciones. Cuba tiene el derecho, la obligación y la necesidad de
defenderse y lo seguirá haciendo.
Los pueblos de Cuba y Estados Unidos pueden y deben vivir en paz. La lucha
por la verdad y la justicia permitirá lograrlo.
Asamblea Nacional del Poder Popular
Ciudad de La Habana, agosto 3 de 2001
“Año de la Revolución victoriosa en el nuevo milenio”
RESUMEN DE LAS PRINCIPALES ACCIONES
TERRORISTAS CONTRA CUBA
(1990-2000)
Desde 1959, los grupos contrarrevolucionarios creados y dirigidos por la
Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana, realizaron numerosos
actos terroristas que han costado valiosas vidas y cuantiosos recursos a
nuestro país.
A principios de los 90, alentadas por el derrumbe del campo socialista,
esos grupos intensificaron desde territorio de los EE.UU. y otras bases de
operaciones en Centro América, acciones violentas contra el pueblo de Cuba
y sus dirigentes.
A continuación se relacionan algunas de las más importantes y sobre las
que existe información pública:
17 de julio de 1990. Tras gestiones de los legisladores republicanos de la
Florida, Ileana Ross y Connie Mack, el presidente de EEUU, George Bush,
liberó al conocido terrorista Orlando Bosch, autor principal del atentado
que destruyó un avión civil cubano en pleno vuelo, en octubre de 1976, en
el que murieron sus 73 ocupantes.
14 de Octubre de 1990. Infiltración armada por Santa Cruz del Norte
organizada desde Miami e integrada por dos terroristas quienes tenían
órdenes de realizar acciones violentas. Les fueron ocupadas armas y
documentos falsos facilitados en Miami.
Traían proclamas, invitando a integrar el denominado “Ejército Libertador
Cubano”, encabezado por Higinio Díaz Anne, quien previo a la partida les
entregó dinero y propaganda.
15 de mayo de 1991. José Basulto, ex mercenario de Playa Girón, conocido
terrorista y agente de la CIA, comienza las operaciones de los llamados
“Hermanos al Rescate”y para ello solicita al presidente de EEUU, George
Bush, 3 aviones propiedad de la Fuerza Aérea de EEUU tipo 0-2, versión
militar del Cessna, que habían sido utilizados durante la guerra en El
Salvador. La congresista Ileana Ross hace una campaña pública y gestiona
la entrega de esos 3 aviones. El 19 de julio de 1992 aparecen por primera
vez en la prensa fotos de los aviones entregados a ese grupo
contrarrevolucionario con las siglas USAF (Fuerza Aérea de EEUU)
claramente visibles en un reportaje del editor del periódico Miami Herald,
que realizó un vuelo con ellos.
17 de septiembre de 1991. Infiltración de dos contrarrevolucionarios desde
Miami, que tenían como objetivo sabotear tiendas de turismo para crear el
terror entre turistas extranjeros. Le fueron ocupadas armas y una planta
de radio.
29 de diciembre de 1991. Infiltración de tres elementos terroristas de los
denominados Comandos L procedentes de Miami a los que se les ocuparon
armas y otros medios de guerra.
Estos infiltrados habían recibido entrenamiento en un campo situado en la
calle 168 en Miami donde se entrenaban también unos 50 ó 60 hombres más.
8 mayo de 1992. Cuba denuncia en Naciones Unidas las actividades
terroristas promovidas contra su territorio y a su solicitud es circulado
como documento oficial del Consejo de Seguridad, una decisión del
Departamento de Justicia de Estados Unidos, fechada el 23 de junio de
1989, declarando inadmisible en territorio norteamericano a Orlando Bosch
por tener numerosas pruebas sobre sus pasadas y presentes actividades
terroristas, incluyendo la voladura del avión civil cubano en 1976.
En la actualidad este individuo se pasea libremente por las calles de
Miami, luego que el presidente George Bush le otorgara un perdón
presidencial.
4 de julio de 1992. Un grupo de terroristas procedentes de EE.UU. intenta
atacar objetivos económicos situados en las costas habaneras. Al ser
detectados por patrullas cubanas se desplazan hacia aguas cercanas a
Varadero, donde la embarcación sufre averías mecánicas y es rescatada por
guardacostas norteamericanos.
Pese a haberles ocupado armamentos, mapas y cassettes de video filmados
durante el viaje, fueron puestos en libertad por el FBI.
Julio 1992. Fracasa una operación para infiltrar un terrorista,
proveniente, de los EE.UU. quien pretendía sabotear un objetivo económico
en la Provincia de Villa Clara.
Para este plan contaba con las armas y explosivos requeridos así como con
la colaboración de “Hermanos al Rescate” que le informó sobre la ubicación
de los guardacostas norteamericanos, para facilitar su desplazamiento
hacia el territorio cubano.
9 de septiembre de 1992. Detenido por el FBI un terrorista de origen
cubano por posesión ilegal de armas de fuego y violación de la Ley de
Neutralidad, fue liberado sin cargos.
7 de octubre de 1992. Ataque armado contra el Hotel Melía Varadero desde
una embarcación tripulada por cuatro elementos terroristas de Miami, los
que fueron detenidos e interrogados por el FBI y puestos en libertad.
19 de octubre de 1992. Infiltración de tres elementos
contrarrevolucionarios provenientes de los EE.UU. a los que se les
ocuparon armas y abundantes pertrechos militares. Paralelamente eran
detenidos otros tres terroristas en territorio de Bahamas, a los que
también se les ocuparon armas y explosivos aparentemente destinados a
Cuba. Estos contrarrevolucionarios habían salido desde Miami el 17 de
Octubre.
Enero de 1993. Detenidos por el servicio de guardacostas norteamericano,
cinco terroristas a bordo de embarcación artillada con ametralladoras
pesadas y otras armas, cuando se dirigían hacia las costas cubanas. Fueron
puestos en libertad.
7 de enero de 1993. Tony Bryant, líder del grupo terrorista “Comandos L”,
en conferencia de prensa en Miami anunció planes para efectuar más ataques
contra objetivos en Cuba, especialmente hoteles. Declaró que “ desde ese
momento estaban en guerra contra Cuba”, y advirtió a los turistas
extranjeros a “mantenerse alejados de Cuba”.
2 de abril de 1993. Ametrallado a unas 7 millas al norte de Matanzas el
buque tanque de bandera chipriota “Mikonos”, desde embarcación tripulada
por terroristas de origen cubano provenientes de EE.UU.
18 de mayo de 1993. Violación del espacio aéreo cubano por aeronave
matrícula N8447, de “Hermanos al Rescate”.
21 de mayo de 1993. Arrestados por el servicio de Aduanas de los EE.UU.
nueve terroristas a bordo de una embarcación cuando se disponían a viajar
a Cuba para atacarla. Fueron ocupadas armas y explosivos. El 21 de agosto
el Juez Lawrence King desestimó los cargos contra ellos.
Mayo de 1993. “Hermanos al Rescate” planea dinamitar una torre de alta
tensión en la zona de San Nicolás de Bari en la Habana.
Octubre de 1993. “Hermanos al Rescate” instigó públicamente a atentar
contra el Presidente Fidel Castro y practicar la violencia contra Cuba,
así como ratificó su disposición de asumir los “riesgos que de ello se
derivan”.
Andrés Nazario Sargén, jefe del grupo terrorista Alpha 66, declara en EEUU
que su organización había realizado cinco acciones recientes contra Cuba.
18 de octubre de 1993. Detenido elemento terrorista residente en los EE.UU.
a su llegada a Cuba, el cual tenía orientaciones de realizar acciones
violentas dentro del país.
7 de noviembre de 1993. Humberto Pérez vocero de Alfa 66 desde Miami, en
conferencia de prensa afirma que su guerra contra Cuba pronto sería
extendida a cualquier turista de visita en la Isla: “aquellos que se
alojan en hoteles cubanos son considerados enemigos”, afirmó.
Año 1993. Reclutado en EE.UU. un ciudadano cubano de visita en ese país
por una organización terrorista, con el objetivo de que llevara a cabo
acciones de sabotaje dentro de Cuba en el sector turístico y agropecuario.
Para esta acción le suministraron parte de los medios requeridos, así como
le ofrecieron la suma de 20 mil dólares.
11 de marzo de 1994. Grupo terrorista procedente de Miami realiza disparos
contra el Hotel “Guitart Cayo Coco”.
17 de abril de 1994. Aviones de “Hermanos al Rescate” sobrevuelan a muy
baja altura la Ciudad de La Habana y lanzan bombas de humo. En los meses
siguientes del año 1994 se producen por lo menos otras siete violaciones
del mismo grupo.
4 de septiembre de 1994. Infiltración de dos elementos terroristas
procedentes de EE.UU. por la zona de Caibarién, Villa Clara cuyos
objetivos eran ejecutar sabotajes en esta provincia. Se les ocuparon armas
y abundante parque.
6 de octubre de 1994. Otro grupo armado en una embarcación procedente de
la Florida realiza disparos de armas automáticas contra el Hotel “Guitart
Cayo Coco”.
15 de octubre de 1994. Un grupo de terroristas armados proveniente de
EE.UU. desembarca por el pedraplen “Cayo Santa María” Caibarién, Villa
Clara, y asesinan al compañero Arcelio Rodríguez García
Octubre de 1994. “Hermanos al Rescate” entrena en uno de sus aviones a
integrantes de una organización contrarrevolucionaria de la Florida, con
el fin de realizar un sabotaje contra la refinería de petróleo de
Cienfuegos.
En noviembre de ese año planeaban también atentar contra la vida del
Presidente Fidel Castro y otros dirigentes de la Revolución e ingresar
armas y explosivos en el Territorio Nacional.
Noviembre de 1994. El terrorista Luis Posada Carriles y cinco de sus
cómplices introducen armas en Cartagena, Colombia, durante la celebración
de la IV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno para
atentar contra la vida del presidente Fidel Castro, pero el cordón de
seguridad lo mantiene a una distancia que evita la consumación del hecho.
Posada Carriles después declararía al New York Times: “Estuve parado
detrás de algunos periodistas y vi al amigo de Castro, García Márquez,
pero a Castro solo pude verlo desde lejos”.
11 de noviembre de 1994. Detenidos cuatro elementos terroristas en
Varadero, Matanzas luego de infiltrarse, Se le ocuparon armas y
municiones.
2 de marzo de 1995. Infiltración por las costas de Puerto Padre, Las
Tunas, de dos terroristas procedentes de EE.UU., los que ingresan al país
51 libras de explosivos C-4 y otros medios.
4 de abril de 1995: Una avioneta C-337 viola el espacio aéreo cubano al
norte de la Ciudad de La Habana entre los pueblos de Santa Fe y la Playa
de Guanabo.
20 de mayo de 1995. Atacado nuevamente el Hotel “Guitart Cayo Coco” por
terroristas que tripulaban una lancha rápida proveniente de EE.UU.
12 de julio de 1995. Detenidos en EE.UU. tres elementos terroristas cuando
se disponían a infiltrarse en Cuba aprovechando la realización de una
actividad provocativa cercana a las costas cubanas. A pesar de ocupársele
armas y explosivos, fueron liberados por las autoridades norteamericanas.
13 de julio de 1995. Organizados por “Hermanos al Rescate”, once
embarcaciones, seis avionetas y dos helicópteros procedentes de EEUU,
penetraron en aguas territoriales y el espacio aéreo cubano. Una de las
avionetas sobrevoló el centro de la Ciudad de La Habana, y arrojó
materiales de propaganda.
16 de diciembre de 1995. Detenidos en EE.UU. dos terroristas que se
proponían infiltrarse por Pinar del Río para la realización de acciones
subversivas. A pesar de ocupárseles armas y explosivos fueron puestos en
libertad por las autoridades norteamericanas.
9 de enero de 1996. Dos avionetas procedentes de Opa-locka en la Florida
violan el espacio aéreo cubano.
12 de enero de 1996. Detenido un emigrado cubano residente en EE.UU.
cuando se disponía a trasladar explosivos desde la Ciudad de La Habana a
Pinar del Río.
13 de enero de 1996. Aviones de “Hermanos al Rescate” violan el espacio
aéreo sobre la Ciudad de la Habana. El terrorista Basulto declararía
posteriormente “Ellos dicen que yo estuve volando sobre el territorio
cubano, algo que todo el mundo sabe y que no he negado nunca”.
23 de enero de 1996. Autoridades de los EE.UU. interceptan en Cayo Maratón
una embarcación con cinco terroristas armados cuando se dirigían a Cuba.
Fueron liberados ese mismo día por el FBI.
11 de febrero de 1996. Capturada por tropas guardafronteras una
embarcación con tres terroristas, procedente de EE.UU., después de
realizar disparos contra nuestras costas.
24 de febrero de 1996. Se produce una nueva incursión de “Hermanos al
Rescate”. Tres avionetas violan el espacio aéreo cubano muy cerca del
centro urbano de la Ciudad de la Habana y dos de ellas son derribadas. En
los 20 meses anteriores al incidente se habían producido, al menos, otras
25 violaciones al espacio aéreo cubano.
26 de junio de 1996. En la Sesión del Consejo de la OACI (Organización de
la Aviación Civil) el Presidente de su Comisión Investigadora, reconoce
que en el aeropuerto de Opa-locka, al menos uno de los aviones de
“Hermanos al Rescate”, todavía tiene las insignias de la Fuerza Aérea de
EEUU: “la F está un poco pálida, parece que está empezando a borrarse,
pero todavía se puede ver”.
21 de agosto de 1996. Es detenido en Cuba, un ciudadano de nacionalidad
norteamericana, que había introducido clandestinamente medios militares, y
planeaba la realización de acciones terroristas en territorio cubano.
16 de septiembre de 1996. Detención de infiltrado por Punta Alegre, Ciego
de Ávila a bordo de una embarcación con armamento y abundante parque.
21 de octubre de 1996. Una avioneta tipo SS-RR matrícula N3093M propiedad
del Departamento de Estado de los EE.UU., riega una sustancia con una
plaga Thrip Palmi Karny al sobrevolar el Corredor Internacional “Girón” a
unos 25-30 kilómetros al sur de Varadero.
Noviembre de 1996. El Canal 23 de la televisión de Miami, entrevistó en
vivo a Luis Posada Carriles y a Orlando Bosch. Allí enfatizaron su
intención de continuar las actividades terroristas contra Cuba.
12 de abril de 1997. Se produce detonación de artefacto explosivo en el
Hotel “Melía Cohíba” en Ciudad de La Habana.
30 de abril de 1997. Hallazgo de artefacto explosivo en el Hotel “Melía
Cohíba”.
12 de julio de 1997. Explosión de artefacto en los Hoteles “Capri” y
“Nacional”.
4 de agosto 1997. Explosión de otro artefacto en el Hotel “Melía Cohíba”.
11 de agosto de 1997. La prensa de Miami publica una declaración de la
Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) apoyando incondicionalmente las
acciones terroristas con explosivos contra objetivos civiles y turísticos
en Cuba. El Presidente de esa organización declara “no consideramos esas
acciones terroristas” y añadió que cualquier acción contra Cuba era
legítima.
22 de agosto 1997. Explosión de artefacto en el Hotel “Sol Palmeras” de
Varadero
4 de septiembre de 1997. Detonación de artefactos en los Hoteles “Tritón”,
“Chateau Miramar”y “Copacabana”. En este último lugar, como consecuencia
de la explosión resultó muerto el joven turista italiano Fabio Di Celmo.
Ese propio día detonaría otra bomba en el restaurante “La Bodeguita del
Medio”.
10 de septiembre 1997. El Gobierno de Cuba anunció el arresto del
ciudadano salvadoreño Raúl Cruz León, responsable de haber colocado 6 de
las bombas que explotaron en varios hoteles de la capital, incluyendo la
que mató al turista italiano Fabio Di Celmo. Cruz León admitió que le
habían pagado 4 500 dólares por cada bomba.
19 de octubre de 1997. Detectado artefacto explosivo en un microbús de
turismo.
27 de octubre 1997. La Guardia Costera de EEUU detiene una embarcación al
oeste de Puerto Rico, en la cual ocupan 2 fusiles de alta precisión,
calibre 50 y sus trípodes, equipos de visión nocturna, uniformes militares
y equipos de comunicación. Las sofisticadas armas, estrictamente
militares, son diseñadas para impactos de largo alcance en ataques a
vehículos y naves aéreas. Uno de los ocupantes de la lancha afirmó que su
propósito era asesinar al Presidente Fidel Castro cuando arribara a la
Isla Margarita en Venezuela, para asistir a la Cumbre Iberoamericana en
noviembre 7 de 1997.
Las autoridades estadounidenses determinaron que la lancha estaba
registrada por una compañía de la Florida, cuyo presidente, director,
secretario y tesorero es José Antonio Llama, directivo de la FNCA y
mercenario participante en la invasión de Playa Girón.
Uno de los fusiles apareció registrado a nombre de José Francisco “Pepe”
Hernández, presidente de la FNCA. El otro fue adquirido también en 1994
por un miembro de la Brigada 2506.
Los cuatro tripulantes de la lancha fueron identificados como: un
connotado agente de la CIA; el capitán de un barco de la CIA utilizado por
equipos de infiltración de Florida a Cuba; el presidente de un grupo
contrarrevolucionario de New Jersey y un miembro del Alpha 66.
A pesar de las propias confesiones y pruebas evidentes de posesión ilegal
de armas, falsos testimonios y contrabando de armas, después de un amañado
proceso judicial, estos terroristas fueron absueltos por una Corte Federal
en diciembre de 1999.
30 de octubre de 1997. Hallazgo de un artefacto explosivo en un kiosco de
servicios en el exterior de la terminal aérea No.2 del aeropuerto “José
Martí” de Ciudad de La Habana.
Por las actividades criminales cometidas contra instalaciones turísticas,
serían detenidos dos ciudadanos de origen salvadoreño y otros tres
guatemaltecos vinculados al terrorista Luis Posada Carriles.
16 de noviembre de 1997. Un periódico de la Florida, después de realizar
una investigación de dos meses, informa que la serie de bombas que
estallaron en La Habana fueron dirigidas y financiadas por grupos
anticubanos de y Miami y que el centro de la operación era Luis Posada
Carriles, prófugo de la justicia por la voladura del avión cubano en 1976.
Mayo de 1998. Infiltración de dos elementos terroristas por Santa Lucía,
Pinar del Río, los que arribaron procedente de los EE.UU. con abundantes
armas y pertrechos bélicos.
16 de junio de 1998. Después de varios intercambios en los que el Gobierno
cubano dió información sobre actividades terroristas en EEUU contra Cuba
al FBI y a otras agencias del Gobierno de EEUU, viaja a La Habana una
delegación oficial que incluía a dos importantes jefes del FBI, a los que
se entregó datos precisos, incluyendo filmaciones, grabaciones y otras
pruebas materiales sobre las actividades de 40 terroristas que operan
desde territorio norteamericano.
12 de julio de 1998. En artículo del New York Times de ese día, se recogen
declaraciones del cubano americano Antonio Jorge Alvarez, de que el FBI no
había investigado denuncias hechas por él del atentado que contra el
Presidente Fidel Castro se preparaba para la Cumbre Iberoamericana de
Venezuela. Alvarez informó que el año anterior había brindado información
de que Posada Carriles y un grupo que trabajaba en su fábrica en
Guatemala, preparaban ese atentado y las explosiones de bombas en La
Habana: “He arriesgado mi negocio y mi vida y ellos no hicieron nada”.
12 y 13 de julio 1998. En entrevista concedida al diario “The New York
Times”, Luis Posada Carriles admitió haber organizado la campaña de
atentados dinamiteros contra centros turísticos en Cuba y reconoció que
los líderes de la FNCA habían financiado sus operaciones y que Jorge Mas
Canosa, su presidente, supervisaba personalmente el flujo de dinero y el
apoyo logístico a los mismos: “Jorge Mas Canosa controlaba todo siempre
que necesitaba dinero, él decía que me dieron 5 mil, 10 mil, y hasta 15
mil, y me los mandaba”. Posada también admitió haberle pagado a Raúl Cruz
León, por la colocación de las bombas en los hoteles habaneros.
Refiriéndose al turista italiano asesinado por una de ellas, dijo al Times
“... estaba sentado en el sitio equivocado en el momento equivocado”.
Para la realización de estos reportajes el Times utilizó expedientes de la
CIA y el FBI, los testimonios de más de 100 personas, y más de 13 horas
grabadas de entrevistas con Posada, e incluso documentos suyos firmados de
puño y letra.
23 de julio de 1998. Se publica en la prensa de Miami, trabajo titulado
“Planes anticastristas rara vez llevan a la cárcel en EEUU”. El artículo
cita varios casos, tales como la absolución en 1990 de 6 terroristas que
llevaron un cañón y otras armas a Nicaragua para atentar contra el
Presidente cubano y las de Rodolfo Frómeta y Fausto Marimón en 1994, con
cargos de planear el uso para actividades terroristas de misiles
antiaéreos Stinger y otras armas. Además declaraciones del conocido
terrorista Tony Bryant quien señaló que en 1989 el FBI lo detuvo con un
cargamento de armas y explosivos en un barco, y lo dejó ir. Añadió que fue
interceptado en dos de sus 14 misiones contra Cuba pero nunca le hicieron
nada.
2 de agosto . Posada Carriles en entrevista para el programa Polos
Opuestos de la Cadena de TV CBS Telenoticias, declara tener intenciones de
hacer más atentados contra instalaciones cubanas dentro o fuera de la
isla.
Agosto de 1998. Previo a la anunciada asistencia del Presidente Fidel
Castro a República Dominicana para la Cumbre del CARIFORUM, elementos
terroristas de origen cubano planearon realizar un atentado entre el 20 y
25 de agosto.
A tales efectos el terrorista Posada Carriles efectuó una reunión en el
Hotel Holiday Inn en la ciudad de Guatemala un mes antes de la cita, para
planear la introducción de armas y explosivos a Santo Domingo.
12 de septiembre de 1998. Son detenidos en Miami los 5 patriotas cubanos
que cumplían el deber de defender a cubanos y norteamericanos de las
acciones terroristas que con total impunidad se organizan, preparan y
lanzan contra Cuba desde territorio de EEUU.
17 de noviembre del 2000. Detenido por las autoridades panameñas grupo de
elementos terroristas encabezados por Posada Carriles, quienes con
documentos falsos habían entrado a Panamá para realizar un atentado contra
el Presidente Fidel Castro durante la celebración de la X Cumbre
Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Les ocuparon armas,
explosivos y croquis del recorrido y las reuniones públicas del Presidente
cubano. La Fundación Cubano Americana financia al equipo de abogados a
cargo de la defensa de los terroristas
26 de abril de 2001. Tres terroristas pertenecientes a los Grupos Comandos
F-45 y Alpha 66, intentan desembarcar al norte de la provincia de Villa
Clara y luego de disparar contra tropas guardafronteras cubanas que los
detectan, fueron apresados. Se les ocuparon 4 fusiles AKM, un fusil M-3
con silenciador, 3 pistolas, abundante parque, visores nocturnos y medios
de comunicación que serían utilizados para la realización de acciones de
sabotaje y terrorismo dentro de Cuba.
Nuestras autoridades tuvieron conocimiento, además de las acciones
relatadas, de 16 planes de atentado contra el Presidente de Cuba, 8 planes
para atentar contra otros dirigentes de la Revolución, además de otros 140
planes terroristas, entre los años 1990 y el 2001, los que fueron
frustrados, desestimulados u obstaculizados por el trabajo de los órganos
de la Seguridad e Inteligencia cubanos.
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