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El giro de la economía argentina (II)
Las contradicciones del esquema actual
Por Claudio Katz
1
El
modelo neo-desarrollista enfrenta múltiples contradicciones. Los
funcionarios intentan controlar la inflación para mantener el techo
salarial, pero el margen de esta intervención es muy limitado. La
carestía es motorizada por la primacía exportadora, el peso de los
oligopolios y la baja la inversión. Frente a la amenaza de un freno
energético se otorgan concesiones impositivas a las empresas.
El esquema actual comienza a enfrentar las duras reglas de la normalidad
capitalista, con un nivel de endeudamiento que afecta la competitividad.
La recomposición bancaria reaviva la concentración financiera y las
exportaciones primarizadas aumentan junto a importaciones de mayor valor
agregado.
Muchos economistas proclaman su confianza planea en el modelo. Estiman
que la vieja crisis externa y fiscal que bloqueó otros ciclos del
ascenso ha sido superada y consideran que la prosperidad está
garantizada por un largo período
3.
Acostumbrados a evaluar el grado de estancamiento de la economía
nacional han quedado desconcertados por la intensidad de la
recuperación. Del pesimismo inercial han girado a un entusiasmo sin
críticas que desconoce los límites del auge actual. Las frecuentes
analogías con China constituyen un indicio de esta actitud.
En general se pierde de vista el enorme trecho que faltaría recorrer
para recuperar décadas de regresión. Si el PBI continuara creciendo al
8% durante un decenio se alcanzaría en el 2011 un ingreso per capita de
11.000 dólares, un promedio todavía inferior al vigente en Eslovenia,
Portugal o Grecia, la mitad de la media de Australia y un tercio del
nivel prevaleciente en Dinamarca
4.
Es cierto que el esquema en curso contiene desequilibrios diferentes a
los modelos precedentes. Pero la intensidad de estas contradicciones es
muy significativa en seis terrenos.
Los motores de la inflación
Un punto particularmente crítico del modelo es la carestía. Luego del
impacto inflacionario provocado por la devaluación de 2001, la economía
se desenvolvió con incrementos moderados de los precios. Estos aumentos
alcanzaron el 8,8% en el 2003 y el 6,1% en el 2004, pero al año
siguiente se registró un saltó al 12,3%. En el 2006 el gobierno no pudo
evitar una suba del 9,9%, es decir un porcentaje muy elevado en términos
internacionales.
El impacto social de la carestía tiende a ser temporalmente variable.
Hasta abril del año pasado la canasta básica de indigencia subió por
encima de los precios minoristas y golpeó a los sectores más
empobrecidos. En la segunda mitad del año esta incidenc ia fue mayor
sobre los consumos de la clase media (servicios, colegios privados,
expensas, alquileres). También se ha registrado una aguda divergencia
entre los precios mayoristas –que desde la devaluación hasta fin del año
pasado subieron 195%- y los minoristas, que en el mismo lapso treparon
91%. Esta divergencia anticipa nuevos ajustes en los precios de
mostrador.
El efecto real de la inflación está disimulado por un obsoleto cómputo
oficial de una canasta de productos que subvalora ciertos rubros
(alimentación) y sobrevalora otros (como turismo)
5. Como todos los antecesores Miccelli se irrita
con las cifras que le disgustan e intenta forzar cambios en la forma de
cálculo para disimular la carestía. Pero esta pretensión coyuntural
choca con la necesidad de preservar estadísticas internacionalmente
confiables, que permitan a los capitalistas decidir inversiones. Esta
contradicción suscita permanentes tensiones.
El trasfondo del problema es la tendencia de la inflación a desbocarse
como consecuencia de tres procesos combinados: la devaluación, el
oligopolio y la baja inversión. Cuándo uno de los tres motores se
atenúa, los restantes operan con mayor intensidad. El impacto de la
devaluación persiste por la continuada apreciación internacional de las
materias primas, mientras los oligopolios acentúan la brecha entre
precios mayoristas y minoristas y la insuficiencia de la inversión
empuja los costos hacia arriba
6.
El gobierno intenta atenuar esta presión inflacionaria con mecanismos de
regulación. Logró cerrar el índice del 2006 por debajo del 10%
negociando las cotizaciones de ciertos productos de la canasta (el 20%
de estos consumos solo aumentaron 2,5%). Esta intervención es exhibida
por algunos oficialistas como un logro contundente, pero se olvida los
conocidos antecedentes de estas regulaciones. La experiencia indica que
los ministros cuentan con un margen limitado para actuar en este campo.
Pueden condicionar muchos precios, pero no afectar la rentabilidad del
grueso de los capitalistas durante un período prolongado.
Micelli reproduce el sueño de todos los keynesianos. Aspira a manejar
los precios durante la etapa necesaria para corregir los desacoples que
generó la reactivación entre el ascenso de la demanda y el retraso de la
oferta. Pero en algún momento enfrentará los límites de esta acción.
Bajo el capitalismo los controles de precios están necesariamente
acotados por la competencia, que impone cierto equilibrio de ganancias
entre todos los concurrentes. Como el sistema funciona sin reglas de
planificación, no puede operar en el mediano plazo con digitaciones
estatales de los precios. Estas variables deben ser fijadas por los
capitalistas, en función de sus costos y sus expectativas de ganancia.
El principal objetivo de los controles actuales es garantizar un techo
salarial.
Miccelli ha buscado situar el índice por debajo del 10% anual para
facilitar la acción de la burocracia sindical en las negociaciones
paritarias ya que todo el edificio neodesarrollista se asienta en
disuadir la lucha social. El segundo propósito estratégico del control
es preservar un tipo de cambio alto para las exportaciones, que está
amenazado por el sistemático repunte de los precios internos.
Un
bache de largo plazo
Nadie sabe cuál es la tasa necesaria sostener el crecimiento en curso,
pero todos los analistas sitúan este nivel en torno al 25-26%. Aunque el
porcentaje actual (21-23% del PBI) es superior a las reactivaciones
anteriores, no alcanza para mantener el ritmo de la recuperación.
Basta recordar que China invierte el 42% del PBI para crecer al 9% y
Corea del Sur el 30% para sostener un ascenso del 6%, para notar cuán
insuficiente es la tasa actual si se quiere preservar el repunte
post-crisis del 7-8-%. La renovación sustancial de la dotación del
capital es indispensable para evitar que esa tasa caiga al 4-5%
7.
El problema no es solo en el monto de la inversión, sino también en su
perfil. Esta variable se encuentra muy concentrada en la oferta
exportable y en la construcción.
Este último sector absorbe el grueso de los fondos en desmedro de los
bienes durables. También la reducida inversión extranjera se dirige a
los segmentos de exportación que generan poco valor agregado.
La ortodoxia derechista resalta esta limitación y convoca a incrementar
las concesiones a los poderosos para incitarlos a invertir
(“seducirlos”, “garantizar la seguridad jurídica”, “estabilizar las
reglas de juego”). El gobierno evita este discurso, pero trabaja en la
misma dirección. Necesita hacer buena letra con el establishment porque
el esquema neo-desarrollista depende de los aportes capitalistas. A
medida que el modelo confronte con la competencia global, su
consistencia dependerá de la disposición de los empresarios locales para
radicar dentro del país, los fondos tradicionalmente giraron al
exterior.
El nubarrón energético
Otra amenaza que afronta la reactivación es un freno impuesto por las
carencias energéticas. La demanda de electricidad ha subido al compás
del repunte productivo, agotando las fuentes de aprovisionamiento. Ya se
verifican apagones e interrupciones en el transporte de energía, porque
la falta de inversión ha estrechado el abastecimiento. El cronograma de
mejoras avanza lentamente y la amenaza de un parate energético se
prolongaría hasta el 2011.
En el terreno de la electricidad se ha producido una típica
desproporcionalidad.
La generación se mantiene estancada frente a un aumento del 36% del
consumo en solo cinco años. Las redes de transporte y distribución están
saturadas y el cuello de botella es muy agudo en las zonas
metropolitanas
8.
Edenor y Edesur invierten poco a la espera de mayores tarifas. El
gobierno elude el problema y mantiene intacto el esquema irracional de
provisión segmentada que impuso la privatización. Niega la crisis y
negocia los ajustes que reclaman las empresas, pero elude tarifazos
masivos que encarecerían los costos industriales. Busca introducir
formas indirectas de aumento (cargos específicos), que obliguen
paulatinamente a los usuarios a solventar las inversiones omitidas por
las empresas.
En el sector del petróleo y el gas la situación es más grave. Aquí la
falta de inversión ha conducido a una nueva baja de las reservas (8,2
años de consumo frente a los 13 años vigentes a principios de los 90 en
el primer caso y 8,6 años frente a 35 años en el segundo). Kirchner
improvisa medidas de emergencia. En lugar de recurrir a la
nacionalización que se instrumentó en el Altiplano firmó un acuerdo de
provisión de gas con Bolivia. Por otra parte, impulsó una escandalosa
ley que otorga exenciones impositivas a compañías que no exploran,
mientras obliga a tributar a los trabajadores petroleros.
El gobierno aliado a Repsol ni considera la opción de la
nacionalización, a pesar del gran sustento latinoamericano que tendría
esta medida. Algunos funcionarios argumentan que esta alternativa no es
viable, porque desde la privatización la propiedad del subsuelo
pertenece a las provincias. Pero incontables leyes se han cambiado para
favorecer a los capitalistas y resulta inadmisible que el patrimonio de
la nación sea manejado por funcionarios locales asociados con las
empresas. La derecha propone afrontar la crisis energética aceptando
todos los pedidos de las compañías y culpa a la clase media por los
padecimientos de los humildes. Denuncia las encarecidas garrafas que
pagan los pobres y propone penalizar el consumo de gas natural en las
áreas urbanas. Pero no se le ocurre que lo equitativo es anular los
subsidios a las compañías del sector, que operan con bajos costos de
producción por garrafa (7 pesos) y altas ganancias de venta (25-32
pesos).
Los costos de la deuda
La deuda ya no ocupa la tapa de los diarios pero continúa afectando
seriamente a la mayoría de la población. Es el principal destino del
superávit fiscal e impone una gran acumulación de reservas improductivas
como garantía de pago. El grueso del excedente logrado por la Tesorería
fue derivado en los últimos años a cumplir con los acreedores. Este
sobrante bordeó en el 2004 los 3.000 millones de pesos, alcanzó al año
siguiente 9300 millones y promedió en el 2006 cerca de 8.800 millones.
La deuda sigue pesando duramente sobre el gasto público, como lo prueban
los compromisos asumidos por el presupuesto 2007. Se han comprometido
con ese destino erogaciones por 13.800 millones de pesos, es decir tres
veces más del total asignado a la universidad y 3,5 veces más de lo
otorgado a los planes sociales que financia la Nación
9.
También persiste el lucrativo negocio de los banqueros, que en diez
meses de especulación con títulos argentinos logran ganancias
equivalentes a lo obtenido con la administración de bonos
estadounidenses durante 7 u 8 años. La deuda es el cimiento de una nueva
relación de Argentina con Venezuela que asegura altos rendimientos a los
intermediarios financieros.
Pero el mayor problema se plantea en el mediano plazo. El gobierno
apuesta a reducir la gravitación del pasivo mediante una sucesión de
cancelaciones, que faciliten la gestión estatal de esta carga al
servicio de la clase dominante. Algunos promotores de esta estrategia ya
cantan victoria y estiman que la deuda está decreciendo, porque habría
decaído del 73% del PBI (2004) al 70% (2005) y luego al 66% (2006)
10.
Pero no es sencillo continuar por este camino, especialmente a medida
que algunos balances del canje indican que el recorte del pasivo ha sido
más reducido que lo esperado y se mantienen pendientes de resolución
montos muy elevados de pasivos
11. Ciertas evaluaciones de mediano plazo ilustran las
dificultades del desendeudamiento. Si la tasa de interés externa no sube
por encima del 5%, se requería un incremento perdurable del 4% anual del
PBI -junto a un persistente superávit fiscal del 3%- para reducir
significativamente la gravitación del pasivo hasta el 2030. La
convergencia favorable de estas tres condiciones durante tantas décadas
es poco imaginable
12.
En cualquier escenario el condicionante de la deuda seguiría pesando
sobre la economía.
Los bancos y el crédito
La recuperación de los últimos cuatro años se concretó en un marco de
estrechez crediticia, como consecuencia del caos legado por la
confiscación de los depósitos. Pero una tasa de crecimiento del 8% anual
no puede sostenerse sin préstamos. El volumen del crédito que alcanzó el
24% del PBI en la década pasada se ha reducido en la actualidad al 11 %
13.
La evolución futura de esta restricción es materia de controversia.
Durante el año pasado se registró una notable recuperación del sector
financiero. Los bancos duplicaron las ganancias del 2005 y embolsaron
4100 millones de pesos de utilidades. Este sector logró el segundo lugar
entre las actividades de mejor comportamiento del período y se espera
que una evolución semejante durante el año en curso
14.
El gobierno ha contribuido activamente a este repunte, a través de su
impulso al fallo de la Corte que convalidó la pesificación de los
depósitos. Por esta vía se legitimó la expropiación de los pequeños
ahorristas y quedó legalmente consagrado el socorro fiscal a los bancos.
Pero lo que más redujo la convalecencia financiera fue el inesperado
crecimiento de PBI. La intensa reactivación achicó radicalmente el plazo
habitual de cicatrización de un colapso bancario de la magnitud que
presentó en Argentina.
Este continuado crecimiento explica también porque los préstamos se
están incrementando a un ritmo del 35-40% anual, en un contexto de bajas
tasas y ampliación de los plazos. Como el volumen del crédito es aún
pequeño, la recomposición integral del sistema financiero es todavía
incierta, en un país con bajo nivel de bancarización de la población
15.
Pero lo más problemático no es la herencia de la crisis, sino la forma
en que se reconstruyen las finanzas. Ya se observa una nueva
concentración de la estructura bancaria en torno a 11 entidades que
absorben el 72% de los préstamos y 90 % de los depósitos. Este nivel de
monopolización refuerza una tendencia originada en los 90, cuándo 20
grandes bancos terminaron manejando el 82% de los depósitos. Actualmente
menos de una decena de entidades controlan casi todo el sistema,
reavivando la concentración que detonó el estallido del 2001.
Las flaquezas del comercio exterior
El gobierno exhibe el aumento de las exportaciones como su gran logro
productivo, disimulando que este avance ha sido solventado por la
mega-devaluación que padeció la población. Se ha pasado de 27.000
millones de dólares de ventas externas (2002) a 46.500 millones (2006),
pero la canasta de bienes comercializados continúa mayoritariamente
integrada por productos o manufacturas de origen agropecuario (68% del
total).
La mejora de las exportaciones no compensa todavía la escasa la
participación del país en el comercio mundial. Esta incidencia alcanza
al 0,39%, es decir la mitad de la tajada prevaleciente hace cuarenta
años y la séptima parte del porcentaje predominante durante la primera
mitad del siglo pasado
16.
Las limitaciones del sector externo se verifican también en el aumento
de las importaciones que ya bordean los 26.600 millones y crecen más
rápido que las ventas externas, con una composición más desfavorable.
Mientras que el 70% de las exportaciones son bienes primarios, el 85% de
las importaciones están conformadas por productos de alto valor
agregado. Con este esquema exportador no se emula el modelo de los
países avanzados y tampoco el patrón industrial asiático. Solo se
ratifica el bajo nivel de competitividad de la industria argentina.
Por cada tonelada exportada el país recibe 460 dólares, pero paga 1500
dólares por su equivalente importado
17. Esta desventaja es muy notoria en la
relación comercial con Brasil. A pesar del menor crecimiento y el tipo
de cambio apreciado que predomina en el principal socio de Argentina, el
nivel de importaciones provenientes desde ese país aumentó de 25 %
(antes de la crisis) a 34% (en la actualidad)
18.
Argentina ha quedado situada en una compleja situación intermedia en la
competitividad global. Cuenta con un mercado interno estrecho y de bajos
ingresos promedio, no puede rivalizar con las grandes potencias y
tampoco se encuentra en condiciones de disputar terrenos con los países
que detentan un gran reservorio de mano de obra barata. Esta limitación
obstaculiza la implementación de una estrategia “neodesarrollista hacia
fuera” (exportador industrial), y “neo-desarrollista hacia adentro”
(industrializar apuntalando el consumo doméstico). La gran ventaja
comparativa del país continúa localizada en el vulnerable potencial de
su producción primaria.
En este cuadro Kirchner busca mantener el tipo de cambio, como si
bastara contraponerse a la convertibilidad para evitar sus efectos. Pero
ni siquiera es sencillo preservar la cotización del dólar. El gobierno
hace lo imposible para contrarrestar la revalorización del peso
comprando divisas e incrementando las reservas, pero el tipo de cambio
real sigue cayendo por el reingreso de capitales externos, que
constituye otro impacto imprevisto de la recuperación. Este flujo afecta
también la paridad cambiaria, confirmando que no se puede contrarrestar
la reducida inversión y la frágil competitividad con maniobras
monetarias.
El ensayo neo-desarrollista está socavado por seis contradicciones:
rebrote de la inflación, estrechez de la inversión, vulnerabilidad
energética, gravitación del endeudamiento, restricción crediticia y
primarización del comercio exterior. ¿Pero cómo debe analizarse
conceptualmente el modelo? Abordamos este problema en la tercera y
última parte de este trabajo.
Notas:
1
Una versión reducida de este texto aparecerá próximamente en el tercer
anuario del EDI
2
Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de
Izquierda). Su página web es:
www.lahaine.org/katz
3
Es la opinión de Frenkel Roberto. “Crecimiento sólido. El debate del
nuevo modelo” Página 12, 24-4-06.
4
Página 12, 24-12.06.
5
Página
12, 3-06.
6
Hemos analizado este problema en: Katz Claudio. “La inflación del
modelo”. Realidad Económica n 213, julio-agosto 2005.
7
Ferreres Orlando. “De dónde venimos y adónde vamos”. Clarín 1-10-06.
8
Clarín, 24-12-06.
9
Clarín,
7-7-06.
10
Clarín,
20-8-06.
11
Todavía se negocian 47.400 millones de dólares de compromisos
irresueltos y los balances del canje están indicando quitas efectivas
muy inferiores al 75% que anunció Lavagna. Esta poda pierde cuantía, si
se computa la nueva deuda emitida para cancelar la anterior, el costo de
los bonos indexados y los desembolsos adicionales por crecimiento. La
Nación, 1-12-06.
12
Schvarzer Jorge, Orazi Andrés “Un escenario de vencimientos que sigue
presentando dificultades”. Página 12, 28-5-06.
13
Clarín, 19-10-06.
14
La Nación, 16-1-07.
15
Es la
opinión de: Vicens Mario. “Balance auspicioso y mucho por hacer” Clarín,
18-6-06.
16
Página 12, 22-10-06.
17
Clarín.2-12-06
18
La Nación, 10-12-06. Muchos analistas estiman que ese desequilibrio se
corregirá con el repunte de la economía brasileña que producirá el
mega-plan de inversión pública anunciado por Lula. Pero esta iniciativa
contempla un objetivo de crecimiento moderado y no será viable si
persisten altas tasas de interés.
El giro de la economía argentina (I)
(Primera parte de este artículo)
FUENTE: Red de Redes en Defensa de la Humanidad
-
www.defensahumanidad.cult.cu/artic.php?item=2067
Este es
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